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DESIGNIOS

Si tan sólo un instante la tierra dejase de girar a un ritmo vertiginoso, tanto que apenas lo percibimos, ¿qué ocurriría? ¿Quedaría todo suspenso en el aire? ¿En el tiempo?

Como una imagen congelada que se mantiene inalterable en el tiempo, como una naturaleza muerta… bella y fría al mismo tiempo que no deja impasible al que la observa. Un instante pendido en el tiempo, un recuerdo que no caduca, no se marchita…

Por una vez podríamos ser el que observa, desde el otro lado del cristal, como parados ante un escaparate, sintiendo pánico ante el silencio… paz por la quietud, tantas sensaciones agolpándose en nuestro interior, sintiéndonos tan llenos de todo y nada al mismo tiempo.

Tan onírico sueño real en el que estamos atrapados. Ansias de control de la cruel baraja del destino, de parar el tiempo, de enterrar recuerdos en recónditos lugares, de anular sentimientos que inoculan veneno sin antídoto. La memoria, cruel enemiga que no concede ventaja, que hiere y sangra… y al campo de batalla acudimos a pecho descubierto sin armas ni consciencia… ¿y qué es la vida sino una batalla de la que conocemos el resultado de antemano?


Saphira

EL TIEMPO


Camino lentamente con decisión, mis pasos me llevan, me hallo ante el abismo, me asomo y pienso... pienso en el tiempo que transcurre, el tiempo que fluye, como granos de arena
se escurren entre nuestros dedos y caen al inmenso desierto dónde jamás podremos volver a atrapar esos mismos granos por mucho que busquemos.
El tiempo es esa anguila escurridiza que se nos escapa para volver al río, para seguir su camino.
Deseamos con ansia detener el fluir del tiempo, de las cosas... cómo Chronos, cernido con grilletes, lo arrastramos conduciendo la rotación de los cielos y el eterno paso del tiempo,
soportamos su peso y lo acarreamos en grandes mochilas repletas de vivencias y recuerdos que nos acompañan siempre allá donde vayamos.
Nos detenemos un instante para tomar aire, pero el tiempo no se detiene con nosotros, fluye a nuestro alrededor suspenso en el aire.
No podemos palparlo, ni degustarlo, ni olerlo, ni tan sólo verlo... pero lo sentimos y abrazamos nubes gaseosas y aire... la nada.
Nos aferramos a los últimos resquicios de juventud, de locura, soñamos, amamos...pero él no se detiene y en un instante han quedado atrás... muy lejos, tan lejos que ya no recordamos quien ni cómo éramos.
Y así nos paramos un instante y meditamos sobre el devenir de una vida... y como el tiempo fluyen las imágenes en nuestro interior.








Saphira

ESPIRALES DEL DESTINO




















Silencio...sombras...frío... Abrazo las sombras en busca de calor,
pero se disipan entre mis brazos.

Oigo pasos lejanos y risas, los persigo pero no logro llegar a
ellos.
La niebla me envuelve y ciega mis ojos cansados de buscar fuegos fatuos.

Las musas me abandonaron en este lugar frío, sin rumbo, perdida...
Me abrazo a la soledad y lloro en su hombro, lloro ríos y mares
para ahogar
las voces que en mi cabeza gritan.
Grito y golpeo la nada enfurecida para que alguien pueda oirme... pero nadie responde,

ni tan solo el eco de mi propia voz.

Ando en circulos que terminan en un espira
l sin fin en el que me hayo frente a mí de nuevo
como en un mal sueño.

Me sonrío, me doy calor, me escucho... es irreal, onírico...vuelvo al mismo lugar.

Estoy a kilómetros de mi hogar, de mi bosque distante, necesito volver.

El tiempo, suspenso en el aire pende de mil cuerdas que se entrelazan y que no puedo atravesar.
Miro mis manos, y esas mismas cuerdas me sujetan a mí, tan sólo una marioneta en manos del destino, a su antojo y placer.

Saphira





Huellas




Anduve un camino eterno de pies cansados y espejismos.

Miré mi reflejo en la superficie del mar del ocaso y tan sólo vi humo, figuras que se desvanecen y toman vida en el velo de una sonrisa.

Hielo y fuego enzarzados en batalla eterna pugnando por vencer. Hielo derretido que el fuego quema, arde en mi interior, me derrito, fluyo como agua del manantial del sediento.

Estoy viva, respiro y siento…mis pies me lastran, pesado equipaje me acompaña de experiencia y vida. Lanzo cantos al viento, nadie escucha, pues es muda mi voz…retorna el eco del silencio y enmudece el llanto de la lluvia resonando en mi cabeza.

Mi sombra, mi compañera, mi brújula perdida. Busco mis huellas que el mar borra a su paso, no hay retorno…nuevas sendas nacerán con destino a ninguna parte.

Arrastro las pesadas nubes pendidas sobre mi cabeza, sueños se escapan volando, libres, altos… Me oculto tras el sol ardiente, brilla y quema. Fuego se funde con fuego…y mi alma, libre, candente ruge al viento.

Saphira

Mi refugio personal


Manos frías, gélidas, me agarran. No logro escapar de ese abrazo mortal, lucho, muerdo, me sacudo...todo es inútil. Cantos de sirena me llaman, se cuelan en mi cabeza, grito de desesperación...la fría garra de la muerte no me libera de su presión. Evoco imágenes en mi mente, me evado en ellas, otra realidad es posible, un mundo paralelo de lluvia y alas dónde yo decido la dirección del viento, dónde volar es respirar, dónde la brisa huele a vainilla y tierra húmeda. Por un instante soy etérea y liviana, yo dirijo mi destino, esgrimo en alto mi estandarte...
No siento el frío desgarrador, no hay oscuridad, ni dolor...no deseo huir...es mi hogar, mi mundo, mi realidad, mis sueños por alcanzar.
Vuelo alto y alcanzo las nubes de algodón, retozo en su suavidad como en el regazo maternal, dibujo espirales de aire y me dejo llevar. Sin mas sonido que el fluir del manantial, no hay cantos de sirena que me quieran atrapar...escucho ese murmullo que me hace soñar.
Atravieso montañas, colinas y valles veloz sin mirar atrás, llego a los confines de mi mundo singular y vuelvo a empezar en un espiral sin final. Caigo sobre las hojas del otoño que me arropan y cubren mi desnudez. Me sumerjo en las aguas cristalinas del manantial que purifican mi piel y me despojan de toda fatalidad.
Vuelve el gélido abrazo, vuelve mi cuerpo a luchar, las garras me aferran con firmeza, los cantos me vuelven a enloquecer...pero ya nada importa pues ya sé dónde esta mi hogar y el camino que debo tomar.













Saphira

El sol en tu mirada














Persigo el sol en tus ojos

mis manos tratan de alcanzarte

pero solo reciben hojas secas
que se convierten en polvo.

El otoño se apodera de mi alma

y la deshoja como una margarita.

Pido deseos al viento que susurra a las montañas

y su eco me devuelve un gélido abrazo.

Persigo estelas en el cielo

que se desvanecen ante mis ojos.

Te busco en el resplandor
del lago de la desesperación
y tan sólo encuentro un yermo pedregal.

En el amparo de la noche eterna me hayo

cantándole a la luna canciones de cuna sin sentido.

Mis alas humedecidas de rocío, pesan.

Las hadas no danzan,
perdidas en espirales infinitos sin melodía.
Fenece la vida en el bosque,

no brillan las estrellas,

son velas que se apagan con susurros.

Susurros de vida que se escapan,

mis manos no los alcanzan,

son luciérnagas juguetonas que se escurren.

Busco el sol en tus ojos,

pero la tormenta lo oculta

y la noche eterna reina en lo alto.

Quisiera secar mis alas
y volar lig
era para encender el sol en tu mirada.













Saphira

Tu bosque, tu mundo, tu magia



Miles de mariposas revolotean a tu alrededor alborotandote el pelo juguetonas, sonríes y el sol brilla mas que nunca en tu cara. En un vuelo las hadas te alzan, las sigues cubierta de polvo mágico hasta las nubes dibujando cenefas en el aire. Caminas sobre las copas de los arboles de puntillas dando saltitos junto a los duendes que te dan la mano. Hueles las flores una a una, te impregnas de su perfume manchándote la nariz con bolitas de polen, estornudas, y miles de semillas de ángel vuelan por el bosque como copos de nieve. Las libélulas te acompañan llevando los largos tules de tu vestido mientras tu danzas con las hojas secas llevadas por el viento. Tu bosque es tuyo pues tu lo creas a pinceladas de sueños a los que colocas alas y cobran vida, se escapan y tu magia los guía.
Si te cojo de la mano me llevarás a ese bosque? danzarás conmigo al ritmo de las hojas y la brisa? me alzarás a las nubes para ver el fin del arco iris?Aullaremos a la luna llena? Eclipsaremos al sol con alas pero no serán de cera...podremos volar hasta el infinito y más allá pues los límites del cielo solo los pones tú.

Para tí, porque sabes volar y tu magia es infinita. No pierdas nunca esas alas





Saphira

La reina del bosque distante








La reina del bosque distante se hallaba sentada en su trono en la gran sala del palacio de alabastro. Una alta torre de ese material translúcido que brillaba con el roce del sol y que proporcionaba luz al bosque y que se hallaba justo en el centro en una posición privilegiada desde donde la reina controlaba sus dominios. Allí acudían las criaturas que habitaban el bosque para pedir consejo o ayuda cuando era requerida la sabiduría de la reina.
Hedera era su nombre, pero todos la conocían como la reina del bosque distante pues así era su carácter. Hablaba en susurros, jamás sonreía y se mostraba siempre inalterable y sosegada. Sus ojos eran de un color verde intenso y brillante, su piel como la luz del sol y sus largos y lisos cabellos del color de las gotas de resina que lloraban los árboles milenarios.


La paz reinaba en aquel bosque desde el día en que la reina fue coronada por los ancianos y sabios robles. Todos los seres mágicos vivían en paz y equilibrio con la naturaleza, tomando lo que necesitaban de ella, pero siempre al instante aquello que tomaban volvía a crecer de nuevo más fuerte y vigoroso cerrando siempre ese círculo natural. Todos tenían su función en ese equilibrio y velaban por su continuidad con la ayuda de Hedera.

Las hadas del viento aleteaban incansables para crear la brisa que transportaría las semillas y el polen al lugar donde eran requeridas. Los duendes recogían y acumulaban los frutos cuando maduraban con la ayuda de las hormigas aladas, almacenándolos en sus galerías bajo tierra esperando la llegada del invierno cuando el bosque dormiría.

Las Xanas o hadas del agua, en su arroyo, se encargarían del equilibrio del río y del fluir del agua que saciaba la sed del bosque como si de aguadoras se tratase. Las hadas de las flores se encargarían del florecimiento de estas en primavera y de recolectar el polen y el néctar para que las abejas y otros insectos pudiesen fabricar su alimento y su miel. Las hadas de la lluvia cerrarían el ciclo volcando sus lágrimas sobre el bosque perlando las hojas con gotas de rocío mágico.

Y la reina Hedera cantaría desde su trono de hojas secas en la gran torre de alabastro llenando de armonía musical el bosque, pues todos esos seres mágicos sin su canto estarían perdidos y el caos reinaría en el lugar. La harmoniosa voz de la reina llena de magia hacía que el bosque tomase vida en un hechizo sin fin. Sólo aquellos capaces de oír su canto de sirena serán capaces de contemplar la magia del bosque distante y sus seres atareados como si danzasen sin cesar embrujados por el hechizo real.




Saphira